Se llamaba Polly Platt

Normalmente, se recuerdan un par de nombres por cada película como responsables de su valía, normalmente los protagonistas, a veces el director. Que se jodan entonces los que escriben los guiones, quienes diseñan el vestuario o bien quienes financian, supervisan la realización y/u organizan la producción. Polly Platt, quien falleció el miércoles a los 72 años, intervino en recordadas realizaciones hollywoodenses de las últimas cuatro décadas haciendo esas cosas y algunas otras que no se le reconocieron en su minuto. Ya sería tiempo.

Nacida en 1939, la hija de un militar que fue juez en los procesos de Núremberg se casó y enviudó antes de cumplir 22. Según cuenta Peter Biskind en Moteros tranquilos, toros salvajes, esta chica de mundo tuvo una infancia difícil y cuando quiso estudiar escenografía le dijeron que no, que le venía mejor el diseño de vestuario. Y en ese rol se presentó en enero de 1961 ante el programador cinematográfico del New York Theater, el futuro cineasta Peter Bogdanovich. Se casaron al año siguiente.

Veían cinco películas en un día y ella transcribía y traducía para él artículos de los Cahiers du Cinéma, aparte de cocinar. Más tarde partieron a Los Angeles y tuvieron en casa a Howard Hawks, Jean Renoir, Orson Welles y varios más. Cuando finalmente la oportunidad de dirigir le llegó a Bogdanovich, escribieron a cuatro manos el guión de Targets, un encargo de Roger Corman. Fue un fracaso, pero los productores Busco mi destino se interesaron en el director, quien les mandó una novela que rechazaron. Pero escucharon con atención cuando Polly, al pasar en una cena de amigos, mencionó The last picture show: de este libro sobre un pueblo tejano  saldría La última película (1971), nostálgica realización que combinó viejos estándares y licenciosos estudios de costumbres.

Los créditos le asignan a Platt la dirección de arte. Sin embargo, gente del set recuerda cómo la pareja conversaba la ejecución de cada escena y cómo Polly era la única capaz de decirle “no” a un cineasta cuyo ego empezaba a descarriarse. Finalmente, la cinta recibió ocho nominaciones al Oscar. Para entonces, sin embargo, el matrimonio se había roto: durante el rodaje, Bogdanovich, que acababa de ser padre por segunda vez, se prendó de una guapísima debutante, la modelo Cybill Shepherd. Acabado el rodaje, Polly lo echó de casa.

La complicidad artística con el ex marido continuó en dos exitosas cintas a la antigua (¿Qué me pasa, doctor? y Luna de papel). Pero una vez finalizada, coincidencia o no, Bogdanovich entró en una espiral de fracasos artísticos y comerciales. Llegaría incluso a decir que su ex mujer había alimentado la leyenda de que le hacía las películas a él.  Inspirado en el disuelto matrimonio, el telefilme Irreconciliable differences (1984) haría de esta historia una extraña farsa, una versión torcida de esas comedias rocambolescas que tanto le gustan a Bogdanovich. En ella, Platt, una vez abandonada, se convierte en exitosa novelista. En la vida real, sin embargo, buscaría un espacio como directora de arte, siendo nominada a un Oscar por La fuerza del cariño, de James L. Brooks (1984), y convirtiéndose en la primera mujer en entrar al gremio. Para entonces ya había debutado como guionista con la controvertida Pretty baby, de Louis Malle (1978), y había creado una sociedad con Brooks.

Juntos estuvieron en Detrás de las noticias (Broadcast news, 1987),  emotivo filme sobre el periodismo televisivo y quienes lo ejercen. En un minuto clave, Jane Craig (Holly Hunter) debe hacer de productora ejecutiva de un informativo. Ahí está, dando instrucciones al conductor (William Hurt), manejando la situación, aportando lo que sabe y no llevándose el crédito por ello. A esta hora, Jane me recuerda a Polly Platt.