Sangre en la nieve: Fargo (1996)

Ethan y Joel Coen cuentan que, de niños, su madre los sacaba a jugar a la calle con los 20 grados bajo cero del invierno de Minnesota. “Era como Siberia, pero con restaurantes familiares”, acota Ethan, productor y coguionista de Fargo. “Siberia con restaurantes familiares”, asiente Joel, director y guionista.

Los célebres hermanos Coen no sólo proveen un dato freak. No sólo parecen pensar en bloque. También reconstruyen su película más notable. Una cinta alejada del molde “independiente”, que a nueve años de estrenada se sostiene bastante mejor que otras de la dupla, celebradas, pero que no han resistido bien el paso de los años (como El Gran Lebowski).

He aquí una razón para agradecer la multitud de bonos del DVD de Fargo: la posibilidad de sumergirse en el mundo más entrañable para los Coen, el de la vida pueblerina, de gente que habla “cantadito”, que puede decir la peor brutalidad, pero lo hace amablemente y con una sonrisa (lo que se ha llamado “Minnesota nice”).

Algo en este mundo lleva a la cinta a alturas insospechadas. Tragicomedia de personajes ridículos, ineptos y/o simplones, Fargo cuenta la increíble y absurda historia de Jerry Lundegaard (William H. Macy, que había audicionado para hacer un papel ínfimo), vendedor de autos que trabaja para su suegro millonario y que tiene la ocurrencia de encargar a un par de truhanes (Steve Buscemi y Peter Stormare) que secuestren a su esposa.

Desde el minuto uno, cuando Lundegaard llega una hora tarde a su cita con los raptores -o ellos una hora temprano, no se sabe-, la cinta despliega una sucesión de torpezas y azares infames. Nada sale como debería, menos desde que interviene la embarazada oficial Marge Gunderson (Frances McDormand, que se llevó un Oscar por este rol), profesional, amable y cariñosa.

Aun si tejen más de una subintriga, los Coen no pierden jamás el hilo. Por el contrario, es insólito el espesor que puede encontrarse en una película que incluso cuando raya en el ridículo más colosal, nunca deja de respetarse a sí misma, de darles hondura a sus personajes y de hacer del paisaje una fuerza incontenible. El sonido de las pisadas de la nieve no se inventó en Fargo, pero aquí parece oírse por primera vez. Porque esta estética de la nieve -y de la sangre en la nieve- no es “tarjetapostalismo”. Funciona igual que los gestos y el hablar entrecortado de Lundegaard: síntomas de una realidad ambigua, graciosa y terrible.

Como Pulp Fiction y Memento, Fargo ganó el Oscar a Mejor Guión. Pero no es una “indie” ingenieril o de frases pegajosas. Fargo hay una sola.


Fargo (1996)
Dirección: Joel Coen
Con: William H. Macy, Frances McDormand

* Los bonos incluyen un making of, trailers y una entrevista con los Coen.