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Dejar pasar a Woody
 
 
Publicado el 29 de mayo de 2011 / Descargar PDF
 
 

 
     
 
Meses después de soplar las 75 velas, Woody Allen inauguró la última edición del Festival de Cannes con Midnight in Paris, lo que le permitió mantenerse fiel a un hábito que no ha roto desde Comedia sexual de una noche de verano (1982): escribir, dirigir y estrenar un largometraje por año, en cada otoño boreal. Actúe o no actúe, financie quien financie, estén sus bonos al alza o a la baja.

El apego alleniano a ciertas prácticas, como escribir los créditos con la tipografía Windsor EF Light Condensed o usar bandas sonoras de los años 30, y la aparición de otras, como rodar y ambientar sus películas en Europa, se integran a una trayectoria respecto de la cual las expectativas y los entusiasmos no son ya los del período que va de Annie Hall (1977) a Crímenes y pecados (1989). Si críticos y periodistas de todo el mundo aplauden un nuevo disco de los Rolling Stones en tanto mera confirmación de que los chicos siguen vivos, se espera que Allen sea una versión desenchufada del mismo fenómeno: sigue en lo suyo, pero cada vez nos enteramos menos.

¿Qué se está perdiendo con la depreciación de Allen? Más de lo que deja ver, por de pronto, la extendida percepción de que el hombre ya hizo su aporte y que lo demás es lo de menos. De que Match point fue una excepción, acaso sobrevalorada. O de que, cada vez más ausente frente a la cámara, se está dando vueltas en irrelevancias o contando variaciones del mismo chiste. La pregunta cobra pertinencia con el estreno local de Conocerás al hombre de tus sueños, mirada por encima del hombro en distintas latitudes (en EEUU, el crítico Roger Ebert hizo una observación inquietante: es una cinta 100% Allen, “pero no mucho más”). Y una respuesta posible es que estamos dejando pasar a Woody sin mucha atención a –ni consideración por- lo que le está entregando a una cartelera comercial cuyas opciones son tan pocas y tan discretas.

En su anterior cinta, que ni siquiera pasó por salas (Whatever works), Allen presenta a un alter ego meganeurótico y gruñón que Larry David encarna en la poco estimada tradición del “Woody que no es Woody”, que antes vio a Kenneth Branagh en Celebrity y a Jason Biggs en La vida y todo lo demás. Y planta un relato que hace campear el sarcasmo cruel, la inadecuación extrema y una autconciencia del medio fílmico que poco ayuda a entrar con ganas a la ficción en curso. Pero no es que desatienda las marcas de la experiencia en las vidas de sus personajes; los tabúes y lugares oscuros, las señas de identidad, el chiste inopinado. Conocerás… es cosa distinta, pero comparte algunos de esos méritos. Por mucho flanco abierto que tenga, siguen en pie los dones observacionales del director y guionista, así como sus reflexiones cáusticas, engañosamente leves.

Ambientada en Londres, la película cruza las vidas de gente en crisis: un egresado de medicina dedicado sin gran suerte a la literatura (Josh Brolin) cuya esposa (Naomi Watts) es una artista frustada que trabaja en lo que resulte para costear las vidas de ambos y que lidia como puede con el divorcio de sus padres: un millonario con ganas de vivir (Anthony Hopkins) y su deprimidísima ex esposa (Gemma Jones), que a su vez confía su destino a una adivina. Lo anterior, al calor de la afirmación shakespeariana según la cual todo es ruido y furia, y al final no hay nada.

Es posible que el nihilismo se haya afirmado en Allen, lo que es poco decir si se ignoran los modos en que esto se materializa, más en el caso de alguien que sabe cuánto se juega en una mirada o un gesto y que tantas veces ha conseguido ponerles nombres y caras a las ironías de la vida, a la mediocridad, al infortunio. Que el resultado no sea particularmente glorioso, sobre todo si hay puntos de comparación con hitos como Crímenes y pecados que la dejen en peor pie, es una evidencia. Pero otra, muy manifiesta, es la medida ligereza con que se hurga en los intersticios de la vida adulta como si esta fuera un mal chiste, de la mano de un elenco que actúa de memoria. Con todo, no es llegar y dejar pasar a Woody.

 
     
 
 
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