El santo de Rossellini: Francisco, Juglar de Dios (1950)

El mayor mérito del extenso  docu-homenaje de Martin Scorsese al cine italiano (Il mio Viaggio in Italia, 1999) reside menos en la legendaria verborrea del director que en sus silencios. Entonces quedan a la vista algunos de los pasajes más notables de la filmografía universal, para que el espectador juzgue, contemple, admire. Y asoma, por ejemplo, el encuentro de San Francisco de Asís con un leproso.

El enfermo , que carga una especie de campanilla de las que avisan que ahí viene un leproso, es visto por el santo, quien se le acerca. Lo mira y en principio es rechazado por un tipo que no dice nada, aun si con la mirada expresa su perplejidad. Pero a Francisco no le importa su apariencia de muerto en vida y lo abraza como a un hermano en desgracia.

La escena -que naturalmente funciona mejor en la pantalla que por escrito- es al mismo tiempo desgarradora y extremadamente sencilla. Como todo en Francisco, Juglar de Dios (1950), una de las cintas más sorprendentes de Roberto Rossellini.

El director, que se había ganado al público y la crítica con el hito neorrealista Roma, Ciudad Abierta (1945) , fue ignorado y / o denostado por esta película, que sustituye los padecimientos contemporáneos por una historia poblada de monjes encarnados por auténticos monjes y por una candidez a toda prueba. Hasta hubo críticos para quienes el “truco” de Rossellini consistió en pasar de suche del fascismo (con cintas propagandísticas como La Nave Blanca, de 1942) a héroe de la posguerra (con Roma, Paisá y Alemania, Año Cero) y a emblema místico de la DC italiana. El retratista de una Europa desesperada que, en algún momento, comienza a recuperar la fe. Y ahí entraría Francesco, Giullare di Dio, coescrita por Federico Fellini.

El caso es que, en una época en que el gandhismo ganaba simpatías en Occidente, no sonaba tan extraño que surgiera un revival de esta figura inocente y desprendida (años más tarde, Nikos Kazantzakis, el de La Ultima Tentación de Cristo, publicaría su propia biografía novelada del personaje). Lo singular es que el mismo despojamiento y austeridad de lo que se cuenta está en el modo de contarlo: poco movimiento de cámara, actuaciones ligeras a cargo de no-actores y nada de acordes estruendosos –típicos de las cintas religiosas- que le impongan al espectador lo que debe sentir y cuándo sentirlo.

Más que presentación-desarrollo-desenlace, la cinta ofrece una serie de viñetas, pequeños episodios parcialmente extraídos de Las Flores de San Francisco, texto que narra las leyendas y los actos de la vida de este hijo de un rico comerciante que optó por donar sus bienes y dedicarse a la contemplación espiritual y la prédica. Francisco y sus hermanos quieren ser y sentir que son las criaturas más humildes de la Creación. Que la lluvia, el barro y los animales son sus hermanos y que si alguien pasa frío, no se puede menos que regalar la propia ropa.

Neorrealista de avanzada, la cinta se hace cargo de sus personajes naïves y los sigue con plena convicción. Lo que resulta es una experiencia estimulante, donde menos siempre será más. Sobre todo con el DVD de la colección Criterion -editado este año-, que permite acercarse a este prodigio de simpleza como nunca antes.


Ficha técnica

The Flowers of St.Francis

(Francesco, Giullare di Dio)

Dirección: Roberto Rossellini

Con: Hno. Nazario Gerardi, Hno. Severino Pisacane.

Bonos : Presentada en full screen y con subtítulos sólo en inglés, este notable rescate del filme se acompaña, entre otros agregados, de entrevistas con Isabella Rossellini y el historiador Adriano Aprà , además de un instructivo librillo de 36 páginas.