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Una de pistoleros: Gun Crazy (1949)
 
 
Publicado el 11 de agosto de 2006 / Descargar PDF
 
 

 
 
El crítico y cineasta Peter Bogdanovich, en su libro de conversaciones con directores de Hollywood, casi se disculpa por incluir entre sus entrevistados a alguien tan poco célebre como Joseph H. Lewis. Porque quiénes, fuera de cinéfilos confesionales y/o de “cierta edad”, conocen a tan ilustre representante de la serie “B”. Pero Bogdanovich sabía lo que calzaba un director que comenzó con peliculillas de horror y terminó en recordables capítulos de Bonanza, después de que la TV derrotara al cine barato. Y sabía que, entre una cosa y otra, hizo un puñado de imperdibles del film noir. Entre ellos, Gun Crazy.

Sin falsa modestia, Lewis le cuenta a Bogdanovich que el mismísimo Billy Wilder lo felicitó por una escena donde el robo de un banco se cuenta en un solo plano. A 57 años de distancia, este arrebato de concisión formal asoma como un jalón, entre otros, de un producto visceral y destemplado, recuperado en 2005 en un pack de connotados policiales.

La película -dicen- prefiguró a Bonnie & Clyde, aun si varias podrían reclamar lo mismo. Para el caso, lo relevante es que golpea de entrada: en una escena del mejor expresionismo el adolescente Bart Tare rompe la vidriera de una armería y roba una pistola mientras llueve a cántaros. Asustado, arranca, pero resbala en plena calle y el arma va a parar a los pies del sheriff del pueblo.

Bart, se nos va explicando, no pretende matar a nadie. Pero las armas son su debilidad y va a parar a un reformatorio. De regreso, ya es un adulto –encarnado por John Dall, que un año antes estuvo en La Soga- y quiere abrir otra página en su vida. Y lo termina haciendo cuando, en una feria de atracciones, conoce a una pistolera profesional (Peggy Cummins). Ella lo inicia en la senda criminal, y el no puede decir que no (por algo la película se llamó primero Deadly as a Female).

Obviando lo extemporáneo que resultan hoy las pistolas como personajes glamorosos, así como la identificación con los villanos -que hacía nata en la posguerra-, cualquier reproche a Gun Crazy se hace un poco banal. Ni sensiblerías ni sobreactuaciones opacan una película que habla con su propia voz, en medio de las imposiciones de género.

La artesanía de Lewis desata la emoción y lo inesperado en una conversación telefónica o en el excesivo final, donde las sombras del bosque son el correlato del corazón de los personajes. Ante tamaña puesta en escena, sólo cabe rendirse.

FICHA TECNICA  
  Gun Crazy (Deadly as a Female)
Dirección: Joseph H. Lewis
Con: John Dall, Peggy Cummins, Russ Tamblyn
DVD Zona 1. Para arriendo en Video July (www.july.cl)
 
     
 
 
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