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Retrato del productor canalla: Cautivos del mal (1952)
 
 
Publicado el 11 de noviembre de 2005 / Descargar PDF
 
 

 
 
A principios de los ’50, cuando la era dorada de Hollywood comenzaba a recular en provecho de la TV, a los guionistas les dio por describir la “fábrica de sueños”, con sus glorias y miserias (más las últimas que las primeras). Desde En un Lugar Solitario, con Humprey Bogart como guionista, hasta Cantando bajo la Lluvia, crónica del nacimiento del sonoro. Y también estuvo Sunset Boulevard, retrato amargo y solemne que comienza con el narrador muerto en una piscina.

Dicen que Cautivos del Mal, de Vincente Minnelli, es una versión suavizada de Sunset Boulevard y que, por lo tanto, no está a su altura. Y está ”blanqueda”, es verdad, pero lo demás son patrañas.

Protagonizada por un furioso Kirk Douglas, la cinta revisa la trayectoria de Jonathan Shield, ficticio productor cuyo sentido del cálculo no respeta lealtades de ninguna especie. Shield es un infame y para refrendarlo hay un director (Barry Sullivan), una estrella (Lana Turner) y un escritor/guionista (Dick Powell): los tres evocan sus experiencias con el tipo que los traicionó miserablemente, después de sacarles lo mejor que tenían.

Sin duda, un perfil canalla. Pero también un retrato a la medida de la leyenda de los “productores creativos”(Selznick, Thalberg, o el propio Louis B. Mayer, que está detrás de la cinta): gente que no tenía la ética entre sus prioridades, pero que respiraba y sangraba cine. Que sinceramente creía saber lo que las masas querían ver y procedía en consecuencia, sin importar los heridos en el camino.

Como en Sunset Boulevard, puede acusarse el envejecimiento de las actuaciones y la prefabricación de los diálogos. Pero es notable cómo lo anterior palidece –y hasta se reinventa- ante las virtudes que aporta Minnelli, tan empleado de la industria como los directores que aparecen en la película.

Comunmente asociado a los musicales, el padre de Liza Minnelli -y marido de Judy Garland- solía apostar por el estilo. Por hermanar lo que se cuenta con el modo de contarlo, al punto que terminan siendo lo mismo. Visto así, Cautivos del mal lo muestra en su gloria: ofreciendo la trastienda de una época a través de los grandes espacios y del cabello platinado de una actriz que llora lágrimas de glicerina. O pirateando un poco a Ciudadano Kane y a los policiales de la serie B para retratar una cultura de la supervivencia.

Por s i fuera poco, Minnelli se pone al servicio del exceso. De la desmesura envuelta en ver a Douglas gritando como orate mientras una enorme sombra se despliega junto a él. O en contemplar a la inquietante Lana Turner manejando en estado de total infelicidad bajo la lluvia torrencial. Ni a David Lynch le sale así.

Es cierto, la película peca de complacencias varias con su antihéroe (y, por esa vía, con Hollywood), pero nadie dijo que fuera un documental. Por otro lado, es capaz de producir un efecto de inmersión que, a su manera, pinta un mundo que no volveremos a ver en estos términos. Y el DVD no está nada de mal.

FICHA TECNICA  
 

The Bad and the Beautiful (1952)
Dirección: Vincente Minelli
Con: Kirk Douglas, Lana Turner

 

 
     
 
 
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