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La memoria del corazón: Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004)
 
 
Publicado el 7 de octubre de 2005 / Descargar PDF
 
 

 
 
Un fenómeno que marcó el audiovisual de los ’90 fue el florecimiento –y hasta estrellato- de los realizadores de video clips. Gente como Stephane Sednaoui, Antón Corbijn, Mark Romanek y Roman Coppola imprimieron un sello cuasi “autoral” a productos breves, que se suponían funcionales a la promoción de tal o cual disco.

Creadores de atmósferas e inéditas fantasías sensoriales, o bien meros exhibidores de los últimos chiches tecnológico-publicitarios, los cliperos no tardaron en pasar a la dirección de largometrajes.

Casos emblemáticos fueron los de David Fincher (El Club de la Pelea) y Spike Jonze (¿Quieres ser John Malkovich?), que han dejado planteadas varias interrogantes sobre el valor envuelto en pasar del “chicle para los ojos” –propio del clip- a la carrera de largo aliento que supone una película. Asumiendo que el lenguaje bastardo del video se ha alimentado del cine y le ha dado de comer, Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos parece el encuentro más feliz entre ambos mundos.

Tal  como Malkovich y El Ladrón de Orquideas (también dirigida por Spike Jonze), el guión de esta cinta es del afiebrado Charlie Kaufman, hombre de historias ingenieriles y enrevesadas. En este caso, la de Joel y Clementine (Jim Carrey y Kate Winslet), quienes al principio del filme son vistos en una estación de trenes: ella, en plan de chiquilla juguetona; él, como tipo de pocos amigos. El caso es que llegan a conocerse mejor y parece incluso que pueden aspirar a la felicidad.

Pero, llegados a este punto, no hemos visto casi nada. La historia de esta pareja no se entiende sin Lacuna Inc., un laboratorio que ofrece a sus clientes la posibilidad de borrar de sus memorias hasta la menor referencia a aquellos amores que terminaron mal. El doctor Mierzwiak (Tom Wilkinson) produce en el paciente un daño cerebral semejante al de una borrachera y ya está, no hay recuerdos. Aunque con Joel las cosas se complican un poco.

El clipero francés Michel Gondry tomó las riendas de esta historia deschavetada -intervino, de hecho, en el guión- y logró hacer de ella una aventura amorosa sui generis y entrañable. Las razones abundan: los protagonistas, aparte de estrellas, ofrecen personajes creíbles y queribles, que se pasean a ratos por el registro setentero de la gente que “habita poéticamente en el mundo”, pero que jamás le quitan el piso al espectador ni prostituyen sus sentimientos a cambio de un parlamento biensonante.

Lo de Gondry es cuento aparte. Si la tendencia de cierto cine “indie” apunta al subrayado estético o a la vuelta de tuerca argumental como valor en sí mismo, aquí el director pone todo al servicio de los personajes y las emociones que los constituyen.

En lo formal -hay que insistir-, la cinta deslumbra. Pero lo increíble es admirar el proceso que le permite trascender la pirotecnia. Una casa que se cae a pedazos, o individuos que desaparecen en una estación de tren -que nos muestran cómo la memoria de Joel está siendo borrada- son aquí funcionales a la complejidad de un drama que a veces muta en comedia. Que refrenda eso de que hay ciertas películas que se convierten en artefactos íntimos y duraderos, porque nos han tocado el corazón y no lo han hecho con malas artes, sino con una imaginería al servicio de la emoción. Es cosa de ver el DVD, ahí está todo.

FICHA TECNICA  
 

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, 2004.
Dirección: Michel Gondry.
Con: Jim Carrey, Kate Winslet.

Bonos: En widescreen, incluye un making of, conversaciones con Jim Carrey y el director Michel Gondry, escenas eliminadas y un comentario de audio con el director y el guionista Charlie Kaufman,

 
     
 
 
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